jueves, 30 de abril de 2009

El cielo estaba gris, encapotado, y aunque no se podía ver el Sol, podía adivinarse que se ocultaba,como si también él estuviera asustado de las ramas esqueléticas de un bosque de árboles raquíticos. La niebla dejaba pedazos de sí misma en los espinosos arbustos, jirones sucios en los dedos negros del bosque. La tierra del camino, también muerta y cenicienta, levantaba pequeñas nubes de polvo con cada pasoarrastrado. A medida que el día iba retirándose, el cansancio iba haciendomella en sus piernas, sentía los hombros como si fueran carne macerada y el sudor se enfriaba en su espalda, empapando camisa y abrigo.

 

Las marcas pintadas con cal en las piedras le indicaban la dirección a seguir en la encrucijada. Se detuvo y se enjugó el sudor de la cara con el pañuelo. Lo miró: el polvo del camino y su sudor habían llenado de mugre el tejido. Levantó la mirada hacia el vigilante. La cuerda crujía con el balanceo. Los cuervos habían arrancado los ojos hacía tiempo, y los labios ya se retraían. El ahorcadole devolvió la mirada con ojos vacíos; sonreía sin alegría, enseñando los dientes. No le devolvió la sonrisa. Se alejó. Tras él, el vigilante siguió balanceándose, con las piernas colgando, un pie descarnado desnudo.

 

Un movimiento en el bosque llamó su atención. A sólo un par de pasos del borde del camino había un pequeño árbol arrancado de raíz. En el hueco que había dejado se movía algo. Una de las raíces, se estiraba y sacudía la arena, hundiéndose en el suelo terroso. La tierra se oscureció, humedeciéndose. El suelo rezumó barro, y del fango surgió una mano, aferrándose a la raíz. Retrocedió, sobresaltado. Tras la mano un brazo, cubierto de barro. Al brazo lo siguió una cabeza. Dos manchas blancas en el barro, unos ojos asustados, un agujero que se abre, oscuro, tratando de tragar aire y escupir tierra. Tiró la bolsa al suelo y se lanzó a sujetar la mano, a ayudar al niño a salir del suelo.


Publicado por MazingEarl @ 8:52 PM  | Mosquitos muertos
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lunes, 13 de abril de 2009
Mientras recorro el bosque la hierba húmeda por el rocío moja mis piernas, hojas y ramas rozan y arañan mi cara, la Luna ilumina mi camino. Una suave música llama mi atención. Detengo mi paso, me vuelvo, el aire me da en la cara y trae hasta mí el tintineo musical que me llama. Acudo.

Luces que bailan en anaqueles, ventanas abiertas por el calor sofocante, visillos que ondean saludando a la noche. Aroma. Perfume. Elevo la mirada, sigo la celosía, la Luna se deja velar por una nube. Cierro mis ojos, aspiro el olor a perfume, a madera, a cabello. La brisa me trae una llamada que respondo.

Trepo por la enredadera, alcanzo la ventana. Visillos que me tocan, una espalda, una cabellera oscura y un cepillo de marfil, música que tintinea y escapa de una caja. Me apoyo en el alféizar, cruje, el perfume me asalta, una mano que se detiene, sujetando un cepillo de marfil.

Me oyes, te vuelves, salto, un grito ahogado por el terror. Aparto la silla de un golpe, vuela por la habitación, rueda sobre la alfombra, la caja sigue tocando su música, tu aroma apaga todo sentido, aleja la razón. Retrocedes, te acorralo. La pared. Jadeas, tiemblas.

Me acerco a ti, mi cara roza tu cuello, tu pelo me acaricia, su olor me ahoga. Sujeto tus muñecas, tus venas palpitan y siento los latidos de tu corazón en mis manos, oigo tu respiración, el susurro de tu sangre corriendo por tus venas, huelo tu miedo, tu sudor empapando tu piel, la seda que la cubre. Saboreo piel y sudor, su sabor me marea, su olor me pierde, tu textura me desata. Tu pecho sube y baja, gimes cuando acerco mi boca a tu cuello. Lamo, muerdo. Oigo el levísimo crujir de tu piel cuando se abre bajo mis colmillos, sudor, sabor a miedo, sangre que mana a mi garganta. Vida que se escapa.

La luz brilla sobre mí, me ciega. Pestañeo, me tapo los ojos. Es de día, tengo frío. Estoy desnudo. No sé dónde estoy: suelo áspero bajo mi cuerpo, tierra húmeda, piedras que se clavan. Vegetación que me rodea. Pájaros que saludan a la mañana. Me incorporo, sacudo pequeñas ramas, hojas muertas pegadas a mis piernas. Bajo la mirada: barro en mis pies, suciedad en mis piernas, sangre seca que apelmaza el vello de mi pecho, mis manos. Mi boca sabe a sangre, huelo a perfume y no sé qué es lo que he hecho.
Publicado por MazingEarl @ 7:17 PM  | Mosquitos muertos
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