Lunes, 13 de abril de 2009
Mientras recorro el bosque la hierba húmeda por el rocío moja mis piernas, hojas y ramas rozan y arañan mi cara, la Luna ilumina mi camino. Una suave música llama mi atención. Detengo mi paso, me vuelvo, el aire me da en la cara y trae hasta mí el tintineo musical que me llama. Acudo.

Luces que bailan en anaqueles, ventanas abiertas por el calor sofocante, visillos que ondean saludando a la noche. Aroma. Perfume. Elevo la mirada, sigo la celosía, la Luna se deja velar por una nube. Cierro mis ojos, aspiro el olor a perfume, a madera, a cabello. La brisa me trae una llamada que respondo.

Trepo por la enredadera, alcanzo la ventana. Visillos que me tocan, una espalda, una cabellera oscura y un cepillo de marfil, música que tintinea y escapa de una caja. Me apoyo en el alféizar, cruje, el perfume me asalta, una mano que se detiene, sujetando un cepillo de marfil.

Me oyes, te vuelves, salto, un grito ahogado por el terror. Aparto la silla de un golpe, vuela por la habitación, rueda sobre la alfombra, la caja sigue tocando su música, tu aroma apaga todo sentido, aleja la razón. Retrocedes, te acorralo. La pared. Jadeas, tiemblas.

Me acerco a ti, mi cara roza tu cuello, tu pelo me acaricia, su olor me ahoga. Sujeto tus muñecas, tus venas palpitan y siento los latidos de tu corazón en mis manos, oigo tu respiración, el susurro de tu sangre corriendo por tus venas, huelo tu miedo, tu sudor empapando tu piel, la seda que la cubre. Saboreo piel y sudor, su sabor me marea, su olor me pierde, tu textura me desata. Tu pecho sube y baja, gimes cuando acerco mi boca a tu cuello. Lamo, muerdo. Oigo el levísimo crujir de tu piel cuando se abre bajo mis colmillos, sudor, sabor a miedo, sangre que mana a mi garganta. Vida que se escapa.

La luz brilla sobre mí, me ciega. Pestañeo, me tapo los ojos. Es de día, tengo frío. Estoy desnudo. No sé dónde estoy: suelo áspero bajo mi cuerpo, tierra húmeda, piedras que se clavan. Vegetación que me rodea. Pájaros que saludan a la mañana. Me incorporo, sacudo pequeñas ramas, hojas muertas pegadas a mis piernas. Bajo la mirada: barro en mis pies, suciedad en mis piernas, sangre seca que apelmaza el vello de mi pecho, mis manos. Mi boca sabe a sangre, huelo a perfume y no sé qué es lo que he hecho.
Publicado por MazingEarl @ 7:17 PM  | Mosquitos muertos
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Publicado por zidair
Martes, 21 de abril de 2009 | 12:56 PM
Le das un giro a mitad del cuento bastante bueno, y quiz? el final del mismo se merec?a otro a la misma altura.
Muy bueno! :-)