viernes, 20 de febrero de 2009

- ¡Hola! –la voz venía del otro lado de la pared. La miró, extrañado. Allí encerrado, lo último que se esperaba era algo así. Decidió que no era a él.

 

- ¿Hola? –quizás, sólo quizás, sí que fuera a él. Volvió a mirar a la pared. Insulsa, vacía. Contuvo la respiración. A lo mejor podía pasar desapercibido.

 

- ¿Hola? –definitivamente, iba a seguir insistiendo hasta que le respondiera. Pero cualquiera habría contestado ¿no? Si hubiera alguien, ya habría respondido. Decidió permanecer callado. Contrajo los músculos, se encogió, evitando hacer cualquier ruido.

 

Silencio. Aguantó la respiración.

 

Durante un minuto, no se oyó nada. Sólo se atrevía a respirar muy ligeramente, de tanto en tanto. El esfuerzo de aguantar tenso el cuerpo empezaba a notarse. No pudo evitar un levísimo movimiento, un roce.

 

- ¡¡Hola!! -¡Casi lo había conseguido! Se pudo imaginar la escena al otro lado de la pared, aguantando, esperando, tenso, aguardando un sonido delator.

- ¿Hola?

- Sí, eh… hola –a lo mejor así se callaba. Por fin relajó los músculos.

- ¡Soy yo! ¿Quién eres? –no podía creerlo, era él. De entre todos los posibles… maldita sea. Hundió la cara entre las manos. Esto iba a ser duro.

- Eh, sí, hola, soy,… soy yo.

- ¡Que cosas! ¿No? -¿de verdad quería mantener una conversación? ¿Así? ¿Allí?

- Eh, sí, sí –la verdad, no sabía qué responder- qué cosas.

- Nunca hablamos. ¿Qué te cuentas? –oh, Dios, Dios, no, cielos, no, joder, esto no puede ser, no le puede estar pasando, no a él, no allí.

- No, eh, no, no hablamos. No, nada –por lo que fuera, aquello no le pareció suficiente, añadió:

- Ya sabes, eh,… aquí.

- Si, aquí estamos. Tiene gracia ¿no? -¡No! ¡No tenía gracia! ¿Pero qué gracia podía tener aquello?

- Si, tiene gracia –rió sin ganas.

- ¿Y qué tal? ¿Bien? -¿Cómo? ¿Qué quería saber?

- ¿Cómo?

- Que qué tal, que si bien.

- Si, bien, bien.

 

Se oyó un chapoteo, y el rumor del tejido al rozar la piel.

 

- ¡Bueno! ¡Yo ya estoy! ¡La Virgen! ¡Lo que ha costado! –el agua, la cerradura, la puerta que se abría. El agua del lavamanos, el secador.

 

- Oye, que ya nos vemos ¿eh?

- Sí, sí –le pareció poco- adiós.

 

Oyó cerrarse la puerta. Respiró aliviado. Por fin tranquilo, pensó. Alguien había entrado. Una tos, carraspera. Ocuparon el sitio de al lado.

 

- ¡Hola! –quedarse callado, de repente, le pareció inadecuado.


Publicado por MazingEarl @ 5:03 PM  | Mosquitos muertos
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jueves, 19 de febrero de 2009
Que me voy a trabajar.

He recibido una visita que para mí es especial. Y me ha dejado un comentario. Qué cosas.

Hablando con un buen amigo me comentó que qué bien, que tengo muchas visitas. No sé yo cuántas son de verdad y cuántas vienen a otra cosa, viendo los orígenes de las mismas y las cadenas de búsqueda... pero una cosilla:

La mayoría de las visitas llega buscando algo que les lleva, curiosamente, a aquella entrada, "carta a un amigo". Otro buen montón desemboca en "el color del bronce". Uno es... una carta, dedicada a un amigo. Espero que quienes han llegado a ella le hayan encontrado utilidad, o lo que sea que fuera que estaban buscando. De verdad, porque si no, está ahí para nada. El otro es un "cuento", o algo por el estilo. Como "En la vaquería" (abajo), "Cordura" y otros, son cuentos que en realidad son sueños, directamente de mi subconsciente a la Red.

Así me ahorro la terapia.

En este momento pienso en esto, me releo y, como siempre, me llevo sorpresas, no recordando algunas cosas.
Ahora, eso sí, una cosa digo: "Sentido y sensibilidad", con ninjas clones, hubiera quedado mucho, pero que mucho mejor.
Alguien me ha preguntado si me hacía ilusión ese comentario. Pues sí. Cualquier visita que se siente movida a dejar algo de sí aquí, conmigo y para todos, se agradece muchísimo. Es una alegría y, a qué negarlo, cuando me llega un mensaje de notificación de "tienes un comentario", voy a verlo con ilusión, porque, como le he dicho hace unas horas a alguien, si no, es como chillarle a las dunas del desierto de Gobi, y creo que allí no hay dunas.

Notas: tengo que renovar los enlaces, que están que dan pena.

Agradecimientos: Bob, gracias por pasarte, que veo que lo haces de tanto en tanto; Edu, lo mismo, tío. Los demás que dais una vuelta por aquí, sólo espero que alguno de los cuentos que he escrito os haya movido a algo: a sonreir, a pensar, a la extrañeza, a volver a por más... ojalá, a lo que sea.

Contesto una pregunta y me voy: no escribo más a menudo porque escribo cuando necesito sacarme algo que me da vueltas en la cabeza, ponerlo aquí y quitármelo yo.