miércoles, 19 de noviembre de 2008
En estos tiempos que corren, en los que todo tipo de expertos y tertulianos analizan el futuro de la crisis y refundan el capitalismo al tiempo que se niegan a reconocer que no la vieron venir (me extraña mucho, porque a pie de calle, todos sabíamos que esto iba a pasar), no quiero ser menos, y me apunto a dar mi propia solución a la crisis.

No soy ni financiero, ni tertuliano ni experto en nada, pero oye, a mí me parece una solución válida.

Parece ser que el problema está en que no hay confianza en el tema económico. Normal, ya que los medios no paran de decirnos lo mal que nos va. ¿Pero nos va mal por nuestra falta de confianza o por la falta de confianza de los tíos que mueven el dinero? ¿Qué confianza vamos a tener nosotros, pobres desgraciados de curritos, si nuestra única preocupación es seguir teniendo trabajo? ¿El mercado financiero? ¿La bolsa? ¿Cuántos de los que malamente llegan a fin de mes se preocupan por eso?

Y ahí es donde yo veo la solución: en preocuparnos por esas cosas y en mover nosotros el mercado financiero. Sí, la gentucilla de a pie. Los mileuristas, los curritos, todos. Los inversores de siempre venden, venden ¡venden! y los precios bajan. Es nuestro momento, es el momento de salir a las barricadas del S.XXI. Compremos.

Pero de forma seria y responsable, ahorrando. Los mercados necesitan inyecciones de capital, y el capital lo tenemos nosotros. Si los gobiernos "rescatan", "subvencionan", o hacen "inversiones temporales", el dinero va de nosotros a los mercados, y punto. Yo lo veo así. Pero si cada uno de nosotros invierte cinco, diez, quince, veinte o cien euros, lo que buenamente pueda, y se compra una acción, cinco o las que sean, ahora que todo baja, estamos inyectando capital en un mercado hecho una mierda.

Claro, es un dinero que ahora no volvemos a ver, hasta que revendamos. Pero es movimiento, es "confianza". ¿Que ese banco está bajando porque le va mal? Déjale que baje, tú compra unos eurillos del banco, y cuando le vaya tan mal que algún otro lo compre y se fusione con él, tus eurillos subirán. La gente que vive de eso sólo compra cuando las cosas suben y van a subir más. Cuando bajan se lo quitan de encima, porque buscan y necesitan el beneficio a corto o cortísimo plazo.

Yo pongo unos pocos euros en unas acciones y me olvido de que los tengo. Cuando mire dentro de un tiempo, SEGURO que han subido y he ganado dinero. Si todos pusieran el poquitín que pudieran permitirse cada mes (como suele decirse, UNA copa menos al mes, UN refresco menos en el cine), seguro que el famoso mercado notaba la "recuperación de la confianza", mientras nosotros decimos "eh, que nos toca una parte".

No diré "compra unas acciones de esto o lo otro", porque no sé recomendar esas cosas. Yo he comprado y compro en cosas que sé que, históricamente, suben. Ya miraré dentro de tiempo. Lo que sí pediría es que no comprárais en empresas que, históricamente, son unas chupasangre. Hablo del rollo inmobiliario, de empresas que sólo hacen especular. Es su culpa que las cosas estén como están. No se merecen ni confianza ni ayuda, sino el pie encima para que no levanten cabeza.
viernes, 07 de noviembre de 2008

-… sí, sí, no te preocupes, que yo, en cuando te lo tenga arreglado, te pongo un correo. ¡No, no! Vale, ... sí, estate tranquila, de acuerdo, te llamo si surge algo ¿vale? Venga, igualmente. De nada, ¡hasta luego!

 

Después de colgar el teléfono se volvió hacia la pantalla y comprobó los números. Verificó cuáles eran los correctos, hizo los cambios y se giró, para responder de nuevo al teléfono. La pantalla chivaba quién era: llamada interna, su superior.

 

- ¡Joder! –descolgó- Sí, dime.

- Oye, cuando puedas, pásate por la sala de reuniones, que tengo que hablar con vosotros.

- ¿Quiénes "nosotros"? -dio un tiento al café de la mañana. Caliente y amargo. Hizo una mueca -¡joder! Nada, que me he quemado con el café.

- El departamento, vamos a hablar de números.

- ¿Te llevo algo? ¿Lo tienes todo? ¿O…?

- Sí, tráete los reports de la semana 44, quiero saber las previsiones de Ventas.

- Vale, los saco y voy.

 

Colgó el teléfono, lo desvió para que no le entraran llamadas y se puso a preparar el report dichoso. Lo limpió de columnas con datos basura y, libre ya de estática, lo mandó a la impresora. El café ahora estaba frío y seguía amargo. A la maceta con él. Total, es de plástico, a la planta le va a dar igual.

 

Mientras recorría los pasillos, con los papeles del report bajo el brazo, saludaba a algún que otro compañero. Algo pasaba, porque había corrillos, y alguna compañera tenía la cara enrojecida por el llanto. Vio que algunos de sus conocidos, del mismo equipo o departamento iban a la misma sala que él. Redujo el paso. Empezó a entender. Se dio la vuelta, se detuvo.

 

El grupo lo comprendían seis o siete compañeros. Sabía que alguna vez habían compartido departamento o equipo, pero ahora, con el paso del tiempo, pertenecían a distintas secciones. Joder, ¿esos dos no son de la oficina de… ? ¿Y están aquí? El corrillo rodeaba a tres compañeros que recibían abrazos y palmaditas en la espalda. Ojos irritados.

 

Miró la puerta de la sala de reuniones. Se adivinaban varias personas en ella.

 

Entendió. Dirigió la mirada al report. Números. Previsiones. Columnas. ¿Motivos? ¿Criterio? Tomó aire y siguió avanzando.

 

- Cierra la puerta, por favor. ¿Traes el report de previsiones?

 

La cerró y contempló la sala. ¿Qué pasaría? Allí estaba su supervisor, en pie. El resto de los compañeros estaba en pie, alrededor de la mesa. No había sillas.

 

- Sí, toma -avanzó y le alargó el tocho de papeles- bueno ¿qué?

 

Le ignoró, prestando toda su atención a los papeles. Entonces se abrió la puerta y el chico para todo de administración empezó a entrar sillas plegables.

 

- Bueno, vale, está todo bien. -empezó a abrir las sillas y a disponerlas alrededor de la mesa- A ver, quita, a un lado,… gracias, por favor…

 

Cuando puso la última silla se apoyó en la pared y enchufó una minicadena, mientras seguía:

 

- Lo que quería deciros… como sabéis, estamos en época de crisis, y también sabéis todos que la empresa ha empezado hace tiempo un proceso para salvar esta racha de vacas flacas, reduciendo gastos superfluos, como los seguros médicos, los abonos de transportes, cheques de comida… os hacéis cargo ¿no? Son tiempos para apretarse el cinturón.

 

Todos asintieron, asustados. Era como el paredón. Alguno tragó saliva, otro intentó una broma en voz baja, uno de los compañeros empezó a frotarse los ojos, reprimiendo las lágrimas. Su mujer estaba embarazada.

 

- Bueno, en fin… no es una decisión fácil de tomar. La cosa es que, como habréis visto, sois catorce. ¿Verdad? Y aquí hay ocho sillas. -pulsó el play en la minicadena- Vale, pues sentaos cuando pare la música.


Publicado por MazingEarl @ 3:44 PM  | Mosquitos muertos
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lunes, 03 de noviembre de 2008
Una señorita de amabilidad artificial le pidió que esperara con los demás y que rellenara un formulario. ¿Podía prestarle un bolígrafo? En la mesa tiene los que quiera. Muchas gracias. La señorita de amabilidad artificial volvió a su pantalla.

Buscó un sitio libre, cogió un bolígrafo y empezó a rellenar el formulario. Era una repetición de los datos que ya había dado, pero rellenó los espacios igualmente, dando la misma información, "para sus bases de datos". Acabó, y como todos, dedicó el rato a observar a los demás. Uno se estiró y cogió una revista financiera. Empezó a hojearla, como si le interesara o entendiera lo que le contaban unos artículos del año pasado. Otro se estiró y cogió otra revista.

No quedaban revistas para él, así que cruzó las piernas. Las descruzó. Cogió la revista que había dejado uno de los lectores. La dejó. Se levantó y, al parecer, molestó seriamente a la señorita de amabilidad artificial preguntándole si le entregaba a ella el formulario. Ya le llamarían, le dijo irritada la señorita de amabilidad artificial, sin dejar de ser artificialmente amable.

Examinó la sala de espera. Las revistas estaban en la mesilla, al lado de los bolígrafos sin tapa. El linóleo del suelo estaba manchado, y quien quiera que fuera responsable de regar las plantas parecía opinar que más vale que sobre que no que falte. Fuera lucía el sol, era un día estupendo, pero dentro lucían los fluorescentes y la luz era blanca y nunca cegaba. Artificial. Al fondo se adivinaban voces de personas ajetreadas, trajeadas. De vez en cuando pasaba ante ellos alguien, trajeado, ajetreado. Algunas veces el ocupado hombre del traje les dirigía una mirada y seguía de largo. Otras, pasaba de largo. ¿Era el mismo?

Un hombre en mangas de camisa y con corbata salió de una puerta del fondo, hablando por un móvil. Sin dejar de hablar se dirigió a la puerta y salió. Siguió hablando al otro lado. Volvió dentro. Llamaron a uno de los que esperaban.

Después de un rato el hombre del móvil volvió a salir. Estaba muy ocupado hablando por el móvil. Varias veces entró y salió, muy atareado con el móvil. Llamaron a otro de los que esperaban cuando pasó un rato después de que saliera el anterior. Distintos hombres ajetreados en traje entraron, y algunos les miraron, y otros no.

Le llamaron. Una puerta al fondo, a la izquierda. Llamó a la puerta. Obedeció y pasó adelante. Cerró la puerta tras de sí.

Era una sala de reuniones de tamaño modesto. Frente a él, una mesa casi desnuda, con una carpeta y un aparato. Tras la mesa, un agradable hombre en mangas de camisa y con corbata. Tenía un móvil, seguro, pero no era el hombre del móvil. Tras el hombre, tres personas con carpetas y caras agradables, en pie. Dos hombres con traje y una mujer. Tras ellos, una persiana. Sobre todos, más luces fluorescentes.

El hombre de la mesa hizo un gesto, indicándole que se sentara, y con otro gesto le pidió el formulario, al tiempo que le dirigía una pregunta retórica sobre el tráfico y su estado general de salud:

- ¿Blarfs larfgrblas brlafrs?
- Si, bueno, ya conocía la zona, y siempre dejo el coche en el aparcamiento de...
- Blrafs, blarfs, blas frlas ras ¿bflraghs?
- No, no. No conocía la empresa de antes, sólo por referencias y que, alguna de las empresas en las que he estado ha trabajado con ...
- Gralfs blfras bras fras tras.

Los dos hombres y la mujer que daban la espalda a la persiana anotaban en sus carpetas. El entrevistador hizo también alguna breve nota en la suya. Y dedicó un momento a leer el formulario. Parecía que lo comparaba con sus papeles.

- ¿Bgfras afrafro frafafo?
- ¿Perdón?
- ¿Bgfras afrafro frafafo?
- Ah, sí. No, es que después de unos meses la empresa y yo no llegamos a un entendimiento sobre las nuevas condici...
- Bjas gros karfghts ¿frags blas brfat?
- Si, no me importa. Claro que todo lo que sea una mejora...
- Brfras tgrasf frus fralk -dijo, acercando el aparato al centro de la mesa y encendiéndolo.

bip

El aparato se encendió, iluminándose uno de los enormes botones. Lo miró sin saber lo que se esperaba de él. El hombre en mangas de camisa y corbata se inclinó hacia delante y apretó el botón que se había iluminado. Los dos hombres y la mujer hicieron más anotaciones.

bip -respondió el aparato.

bip bop

El hombre en mangas de camisa señaló el aparato con ambas manos. Miró al hombre, miró al aparato, y se decidió. Se inclinó hacia delante y apretó los botones que se habían iluminado.

bip bop

El aparato volvió a responder:

bip bop bap

Volvió a apretar los botones de colores.

bip bop bap

Y el aparato, sin rendirse, contraatacó:

bip bop bap bip

Iba a apretar los botones cuando el hombre en mangas de camisa y corbata retiró el aparato y lo apagó. Los dos hombres y la mujer se miraron entre ellos y anotaron algo en sus carpetas.

- Brlafrs grlatra yark ¿uri uri?
- Sí, eh, claro, bueno, tienen mi teléfono ...
- Uri uri, hraltra frasgt
- ...ahí apuntado...

Se levantó y salió, pasando por la sala de espera. Había más gente esperando, y otros dos leían las revistas. Antes de llegar a la calle se cruzó con el hombre del móvil, que contaba a alguien la juerga del fin de semana.
Publicado por MazingEarl @ 5:59 AM  | Mosquitos muertos
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