Lunes, 03 de noviembre de 2008
Una señorita de amabilidad artificial le pidió que esperara con los demás y que rellenara un formulario. ¿Podía prestarle un bolígrafo? En la mesa tiene los que quiera. Muchas gracias. La señorita de amabilidad artificial volvió a su pantalla.

Buscó un sitio libre, cogió un bolígrafo y empezó a rellenar el formulario. Era una repetición de los datos que ya había dado, pero rellenó los espacios igualmente, dando la misma información, "para sus bases de datos". Acabó, y como todos, dedicó el rato a observar a los demás. Uno se estiró y cogió una revista financiera. Empezó a hojearla, como si le interesara o entendiera lo que le contaban unos artículos del año pasado. Otro se estiró y cogió otra revista.

No quedaban revistas para él, así que cruzó las piernas. Las descruzó. Cogió la revista que había dejado uno de los lectores. La dejó. Se levantó y, al parecer, molestó seriamente a la señorita de amabilidad artificial preguntándole si le entregaba a ella el formulario. Ya le llamarían, le dijo irritada la señorita de amabilidad artificial, sin dejar de ser artificialmente amable.

Examinó la sala de espera. Las revistas estaban en la mesilla, al lado de los bolígrafos sin tapa. El linóleo del suelo estaba manchado, y quien quiera que fuera responsable de regar las plantas parecía opinar que más vale que sobre que no que falte. Fuera lucía el sol, era un día estupendo, pero dentro lucían los fluorescentes y la luz era blanca y nunca cegaba. Artificial. Al fondo se adivinaban voces de personas ajetreadas, trajeadas. De vez en cuando pasaba ante ellos alguien, trajeado, ajetreado. Algunas veces el ocupado hombre del traje les dirigía una mirada y seguía de largo. Otras, pasaba de largo. ¿Era el mismo?

Un hombre en mangas de camisa y con corbata salió de una puerta del fondo, hablando por un móvil. Sin dejar de hablar se dirigió a la puerta y salió. Siguió hablando al otro lado. Volvió dentro. Llamaron a uno de los que esperaban.

Después de un rato el hombre del móvil volvió a salir. Estaba muy ocupado hablando por el móvil. Varias veces entró y salió, muy atareado con el móvil. Llamaron a otro de los que esperaban cuando pasó un rato después de que saliera el anterior. Distintos hombres ajetreados en traje entraron, y algunos les miraron, y otros no.

Le llamaron. Una puerta al fondo, a la izquierda. Llamó a la puerta. Obedeció y pasó adelante. Cerró la puerta tras de sí.

Era una sala de reuniones de tamaño modesto. Frente a él, una mesa casi desnuda, con una carpeta y un aparato. Tras la mesa, un agradable hombre en mangas de camisa y con corbata. Tenía un móvil, seguro, pero no era el hombre del móvil. Tras el hombre, tres personas con carpetas y caras agradables, en pie. Dos hombres con traje y una mujer. Tras ellos, una persiana. Sobre todos, más luces fluorescentes.

El hombre de la mesa hizo un gesto, indicándole que se sentara, y con otro gesto le pidió el formulario, al tiempo que le dirigía una pregunta retórica sobre el tráfico y su estado general de salud:

- ¿Blarfs larfgrblas brlafrs?
- Si, bueno, ya conocía la zona, y siempre dejo el coche en el aparcamiento de...
- Blrafs, blarfs, blas frlas ras ¿bflraghs?
- No, no. No conocía la empresa de antes, sólo por referencias y que, alguna de las empresas en las que he estado ha trabajado con ...
- Gralfs blfras bras fras tras.

Los dos hombres y la mujer que daban la espalda a la persiana anotaban en sus carpetas. El entrevistador hizo también alguna breve nota en la suya. Y dedicó un momento a leer el formulario. Parecía que lo comparaba con sus papeles.

- ¿Bgfras afrafro frafafo?
- ¿Perdón?
- ¿Bgfras afrafro frafafo?
- Ah, sí. No, es que después de unos meses la empresa y yo no llegamos a un entendimiento sobre las nuevas condici...
- Bjas gros karfghts ¿frags blas brfat?
- Si, no me importa. Claro que todo lo que sea una mejora...
- Brfras tgrasf frus fralk -dijo, acercando el aparato al centro de la mesa y encendiéndolo.

bip

El aparato se encendió, iluminándose uno de los enormes botones. Lo miró sin saber lo que se esperaba de él. El hombre en mangas de camisa y corbata se inclinó hacia delante y apretó el botón que se había iluminado. Los dos hombres y la mujer hicieron más anotaciones.

bip -respondió el aparato.

bip bop

El hombre en mangas de camisa señaló el aparato con ambas manos. Miró al hombre, miró al aparato, y se decidió. Se inclinó hacia delante y apretó los botones que se habían iluminado.

bip bop

El aparato volvió a responder:

bip bop bap

Volvió a apretar los botones de colores.

bip bop bap

Y el aparato, sin rendirse, contraatacó:

bip bop bap bip

Iba a apretar los botones cuando el hombre en mangas de camisa y corbata retiró el aparato y lo apagó. Los dos hombres y la mujer se miraron entre ellos y anotaron algo en sus carpetas.

- Brlafrs grlatra yark ¿uri uri?
- Sí, eh, claro, bueno, tienen mi teléfono ...
- Uri uri, hraltra frasgt
- ...ahí apuntado...

Se levantó y salió, pasando por la sala de espera. Había más gente esperando, y otros dos leían las revistas. Antes de llegar a la calle se cruzó con el hombre del móvil, que contaba a alguien la juerga del fin de semana.
Publicado por MazingEarl @ 5:59 AM  | Mosquitos muertos
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