El loco salió a la carretera a celebrar una vacua estulticia. Celebrar un absurdo, celebrar que había conocido a Justicia, y a su hermana Libertad.
Gritaba a los demás coches. Pedía ayuda.
Al loco le gustan las palabras altisonantes.
Nadie dice "altisonante", pero al loco le da igual.
Dos putas de lujo, selectivas, esnobs, estiradas, petulantes como ellas solas. Solo se abren para quien puede pagar esgrimiendo oro en plástico.
Rimbombante.
El poder, la gloria. El oropel vacuo.
Petulante. Joder, ¿Se puede estar solo en una multitud?
Franjas blancas corriendo en dirección contraria, huyendo de un enemigo que el loco no veía pero al que se dirigía a seis puntos de carnet de velocidad. A toda pastilla, veloz.
History will teach us nothing.
Follao como un guepardo de la dos. Jodido como una liebre de documental.
Muerto por dentro como la cámara que contempla la caza.
Faros en la carretera. Quitamiedos en la carretera. Miles de toneladas de metal quemando caucho, escupiendo gas.
El volante en las manos.
El loco se pregunta ¿y si...?
Un gesto, solo un gesto y ya.
Entonces se hace la luz.
Lo ve claro.
Lo entiende y siente el peso del entendimiento.
Cada vida es distinta.
Cada persona es diferente.
No importa lo que valgas ni lo que seas. No importa lo que hagas o digas. Solo importan las decisiones equivocadas que tomas en la vida. Solo importan los errores que cometes.
Son deudas que arrastras hasta la muerte.
Es fácil, pura y sencilla matemática contable.
Si tus deudas superan tus activos, no vales nada. No eres nada.
El loco mira por el retrovisor, quiere cambiar de carril. Lo ocupa un Vectra. El rectángulo de azogue le muestra la sonrisa de la Muerte.
Un día, sólo un gesto. Un segundo, un momento.
Ya vive en el olvido. El loco.