- ¿Qué te ocurre hoy, joven pupilo? Te veo triste, te siento apagado, te noto apesadumbrado.
- Maestro, me sucede que estoy solo. Me veo desamparado, nadie me entiende.
- Tienes dineros, tienes alimento, tienes bebida, amigos, familia, un techo y comodidades. ¿Cómo puedes decirme que entre tanto y tantos como te rodean te sientes desamparado y solo? Tú no estás solo ni desamparado. Tú estás vacío.
- No me digas eso, Maestro, no me preguntes eso porque no lo sé. ¿Se puede estar solo en una multitud?
- No es a mi a quien debes hacer esa pregunta.
- ¿A quién si no?
- La próxima vez que veas a alguien que vive en la calle extendiendo la mano a la multitud, mirando a la nada, hazle a esa persona esa pregunta.