lunes, 27 de noviembre de 2006
El hombre de la maleta aguardaba en la cola. Tenía una pinta extraña, aunque nadie que se parara a pensar en él o a evaluar su aspecto podría decir exactamente por qué.

Era un hombre gris vestido de colorines. Camisa floreada que tanto podía ser estampada como ser la superficie en la que se hubiera estampado algo lleno de colores. Pantalones cortos llenos de bolsillos llenos de cachivaches, monedas y llaveros tintineantes y quién sabe qué otro montón de chucherías. Al cuello, la eterna y por sí sola descriptiva y definitoria de género cámara de imágenes. Seguramente las baterías y memorias de repuesto estarían ocupando alguno de los bolsillos del pantalón de cazador.

El sombrero de pescador y las gafas de concha ahumadas remataban al fantoche, poniendo el último clavo al invisible letrero de "raro" que llevaba clavado el individuo en la frente.

Y entre tanto personaje que salía o llegaba, lo cierto es que el hombre de la maleta no destacaba. No destacaba en absoluto. Era uno más de tantos viajeros: turistas, ejecutivos, parejas, estudiantes, monjitas de las misiones, soldadaditos de permiso, holas y adioses y, desde luego, el cuántotiemposinvertediosmíoquécambiadaqueestás, que no puede faltar bajo pena de metedura de pata total.

La viejecita de la nevera sospechosa había pasado la inspección policial del control y le tocaba al hombre de la maleta. Al raro hombre normal de la maleta anodina.

El hombre de la maleta se acercó con pasos descoordinados al control. El pobrecillo daba pena de solo verlo. Parecía que hubiera nacido con dos pies izquierdos o que no supiera cómo realizar el heroico acto de caminar y sonreír al mismo tiempo con sonrisa bobalicona.

Miró al guardia inspector, con un hilillo de baba asomándole de la comisura y una sonrisa de imbécil tarado cortándole la cara. Los ojos podían estar mirando a la autoridad o al vacío, tanto daba.

- ¿Destino? -le preguntó el guardia, perdido en su rutina de búsqueda y acecho del agente dañino para la sociedad.
- Entidad uno mismo saluda hola qué tal buenos días qué hay hago hacer actúo actuar cómo se encuentra usted cómo lo lleva qué tal libre huir escapar pasar pregunta pide paso.

Todo lo demás sucedió en un momento: segundos para los vejetes jubilados que le seguían en la cola, para los agentes, para los ciudadanos y los no ciudadanos de la terminal. Disparos, ráfagas.

Horas, días o años podían pasar por el pensamiento a la velocidad del silicio. Preguntándose una y otra vez porqué pregunta interroga uno mismo no puede.
Publicado por MazingEarl @ 5:08 PM  | Mosquitos muertos
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Publicado por MazingEarl
lunes, 27 de noviembre de 2006 | 5:10 PM
I'd invite you back to my place
It's only mine because it holds my suitcase
It looks like home to me alright
But it's a hundred miles from yesterday night

Must I be the man in a suitcase
Is it me, the man with the stranger's face

Another key for my collection
For security I race for my connection
Bird in a flying cage you'll never get to know me well
The world's my oyster, a hotel room's a prison cell

Must I be the man in a suitcase
Is it me, the man with the stranger's face
Publicado por Loximann
lunes, 11 de diciembre de 2006 | 12:38 AM
Cuando hayas publicado material suficiente sobre esta serie de relatos me los releeré todos, porque de momento sigo sin pillarlo...