jueves, 23 de noviembre de 2006
Sentía que el honor era algo que ya no se valoraba, que era algo que debía mantenerse sólo porque se creía que era así. La palabra dada ya no valía nada: se juraba, prometía, mentía, falseaba con tanta facilidad como se hablaba. Se podía mentir, engañar y traicionar mirando a los ojos.

Sentía que ya no habían amores, romances, que nadie luchaba ya por conservar a su lado a nadie. La amistad era un signo de debilidad, la generosidad un defecto, la honradez cosa de cuento de hadas.

Sentía que ya no habían aventuras, semanas en globo, leguas bajo el mar, leyendas, ni caballeros, no quedaban tierras que explorar ni selvas que cruzar.

Sentía que los imperios gloriosos eran tierras calcinadas y que los herederos de orgullosos guerreros eran niños de vientres hinchados que morían arropados por mantas de moscas mientras sus madres miraban a los ojos de los fotógrafos.

Sentía que la verdad era mentira, que la imparcialidad una puta violada en un callejón, la sinceridad yacía olvidada por la justicia, que no se vendaba los ojos para no ver, sino para que no se vieran las cuencas vacías y sangrantes.

Sentía que estaba fuera de todo.

Así que cogió la pluma, el papel, el lápiz, el teclado, y escribió otros sentimientos, lloró y abrió una grieta en la realidad por la que gritar.
Publicado por MazingEarl @ 18:20  | Mosquitos muertos
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Publicado por Khala
jueves, 23 de noviembre de 2006 | 20:52
Una vez más enhorabuena es un precioso regalo poder leerteGuiño

Nos convendría escucharnos más amenudo, organizar el diálogo con uno mísmo. Sin duda el personaje disfrutó, sufrió y gozó cada sentimiento, sensación y estado... y ahora solo siénte el vacío, la pérdida. Sí, hay días que cuesta volver a confiar. Sales de casa rezando no encontrarte al vecino, no rozarle, no mezclarte, porque hemos perdido la esperanza en lo que somos y como somos.
Pero cuándo te crees a salvo en tu frágil concha, eres consciente de que la huida es imposible. Tu alma, tu corazón están sedientos y la sutil gota de rocío acariciando la pared, asomando por la grieta de tu coraza, es suficiente para hacernos salir y beber con avidez. Y, una vez más te encuentras libando del dulce, empalagoso e indigesto néctar de la vida... Bindemos!!

Y que Diosito nos coja confesadosSonrisa Gigante