lunes, 13 de noviembre de 2006
El náufrago contaba los granos de arena. Poco más tenía que hacer. Ante él sólo pasaban la luna, las estrellas y las olas. Con su esperanza ahogada dentro, la botella volvía cada marea, como una amante despreciada que no aceptara su destino.

Una noche la luna le saludaba con su cara redonda, el mar cantaba sin sirenas y su palmera le abanicaba en su descanso.

Y el náufrago contaba la arena de la playa.

Y vio una luz. Un reflejo entre las olas. Las velas blancas relucían, espejo de la luna. La fosforescente estela era una cicatriz en el agua.

Y el náufrago saltó, y abrigó esperanzas, y besó a la botella, abrazó a la palmera, y trepó por ella, apartó los cocos y gritó.

El náufrago aullaba, el barco cabalgaba las olas, cortaba el mar y lo marcaba con su estela, y giraba, y cambiaba de rumbo.

Y por la mañana, el náufrago siguió contando granos en la playa.
Publicado por MazingEarl @ 6:35 PM  | Mosquitos muertos
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Comentarios
Publicado por zidair
martes, 14 de noviembre de 2006 | 7:26 AM
Si al menos hubiese tenído un Señor Wilson con el que hablar...
Publicado por MazingEarl
martes, 14 de noviembre de 2006 | 6:35 PM
¿Por qué siempre nos referimos al balón como "señor Wilson" cuando en la peli era "Wilson" a secas? El personaje de Hanks estaba mal, pero por lo menos le tuteaba...
Publicado por zidair
miércoles, 15 de noviembre de 2006 | 8:09 AM
Es que yo no le conozco en persona, y lo primero es el respeto. :5)
Publicado por Loximann
viernes, 17 de noviembre de 2006 | 9:00 PM
Y es que cuando todo en la vida está perdido, ya nada se puede hacer, salvo esperar la muerte... Si uno no se anda con cuidado, puede acabar en un sitio donde ningún barco pasará lo suficientemente cerca.
Publicado por dee
martes, 13 de febrero de 2007 | 10:46 PM
que basura