El comando corría por el fango, resbalando a veces tropezando otras, recobrando pie siempre. Los enemigos parecían estar encegados en acabar con él, pero él se movía como si fuera inmune a sus proyectiles, a sus ataques, a su odio mecánico, que no era odio, sino oficio.
Tres amarillos se dirigían hacia él desde las dos. Los ametralló sin compasión ni pensar en ello y siguió avanzando. Esquivó dos grandas y aniquiló a sus lanzadores con una única y certera ráfaga.
No se esperaba la segunda granada, y la explosión le cubrió con una lluvia de fuego y metralla. Pero no lograron detenerle. Se levantó, parpadeó y siguió avanzando.
El fusil a la cintura, el correaje cargado de municiones y granadas, corría, sin dejar de avanzar, sin cesar la matanza, ametrallando, tirando granadas de mano que le abrían el camino. Sin piedad, sin pausa.
No vio venir el ataque. Un momento, los sacos estaban vacíos. Al siguiente, un japo asomaba tras ellos y le disparaba. El comando se resintió del disparo, pero parpadeó y siguió avanzando. Exterminó sin furia y con profesionalidad al atacante y no cejó en su inexorable avance.
Victoria o muerte. Sin riesgo no hay ganancia. Retroceder nunca, rendirse jamás.
Y todo eso.
Le esperaban. Las puertas, cerradas, estaban atestadas de enemigos. El tanque no era ninguna sorpresa. Pudo esquivar el primer disparo del 88mm. Granada rompedora. Cuidado, la onda expansiva es enorme. Hizo un quiebro, preparó un hato de granadas y recibió de lleno la ráfaga de la 7'62 de la torreta.
Parpadeó y no volvió a levantarse.
GAME OVER
INSERT COIN
Decía la pantalla.
Después de un clinc metálico, se levantó y empezó a tirar granadas al carro.