La poca luz del sol que dejaban pasar las imponentes moles de los edificios se retiraba ya a medida que avanzaba la tarde y el día cedía terreno. Sin embargo, la ciudad parecía cobrar vida a esas horas. Los honrados ciudadanos, honestos sólo de cara a la sociedad, honrados funcionarios públicos corruptos, sinceros maridos infieles, amantes madres despreocupadas, adorables niños caprichosos, todos se dirigían a sus casas, llenando las calles de movedizos pares de ojillos luminosos.
Las criaturas de la noche salían de sus escondrijos y se arrastraban, asomando la amoralidad de entre la podredumbre de las conciencias. Asesinos temerosos de Dios, salteadores padres de familia, preocupados robacoches, perdidos rebeldes pintagraffittis asomaban las narices a la poca luz que daban farolas desnutridas.
Los dos policías, de plantón en la puerta de la Comisaría Central, hablaban de sus cosas cuando se acercó el camión de reparto. Ya les extrañó que se detuviera en la puerta, pero les dejó de piedra lo que el conductor les dijo.
- Eh, muchachos, traigo una entrega. ¿Quién me va a firmar la recogida? ¡Y que alguien me eche una mano, que esto pesa más que una vaca en brazos!
- ¿Cómo que entrega? ¿De qué hablas? ¿Qué es esto? -el primero de los agentes se dirigió a la trasera del camión, preocupado y lleno de curiosidad. ¡A que le iba a tocar cargar, a estas alturas!
- Bof, ni idea. -el conductor, apeándose, abrió las puertas del camión y dejó a la vista varios bultos de madera, enormes y con un símbolo extrañamente familiar pintado sobre ellos.- Pero ya os digo que voy a necesitar ayuda para bajar esto. ¿Dónde lo vais a querer?
- ¿Pero querer de qué, el qué? -el segundo agente, con más años de servicio que de vida tenían muchos de sus detenidos, metió baza. Esto o era un equívoco, o había que arreglarlo.- Veamos, ¿esto quién lo manda?
- Pues no lo sé muy bien. Mírelo usted mismo, mire. -el agente cogió el albarán.
- ¿Pero qué pone aquí? ¿Esto es una broma? A ver, llámate al comisario, por si él sabe algo de esto.
El comisario apareció tras unos minutos y, sin entender el documento, ordenó abrir la mayor de las cajas.
Los cuatro se quedaron mirando, sin entender nada, lo que había en su interior.
- Esto parece una especie de foco gigante ¿no? Y en estas cajas hay como cables, y una chapa con esa forma. ¿Dónde va esto?
- ¿Esto es una broma? ¿Se está quedando conmigo? ¿Quién envía esto?
- Oiga, jefe, no tengo ni idea, en serio. A mí sólo me han dado los bultos y que los entregue. Si me firma el albarán, yo termino de bajar esto y me voy a mi casa.
- Está bien, traiga eso.
El comisario firmó y se quedó con la copia del papel en la mano, mirándolo y preguntándose qué clase de broma absurda era esta. Volvió a mirar el encabezado del documento, sin entender nada.
"Bat-albarán 00228"