jueves, 05 de octubre de 2006
Era su primer día de clase. Nueva ciudad, nuevo curso, nuevo instituto. Volver a iniciar, de nuevo, las relaciones, las amistades, los vínculos. Conocer a compañeros, a profesores. Conocer las distancias que habría de mantener con cada uno. Aprender de nuevo los caminos, los senderos, los atajos para establecerse en una nueva comunidad, en otra sociedad.

Turno de tarde. Saludó a sus compañeros y compañeras del curso anterior. A los que habían pasado. Risas, empujones, abrazos, sonrisas. Otro año más manteniéndose al quite, sin bajar la guardia. Profesores viejos, profesores nuevos, nuevas asignaturas, algunos compañeros nuevos. Suena la campana, pereza de clase en la sobremesa, escoge un pupitre y se sienta para pasar los primeros tres cuartos de hora de otro año eterno.

Sueño, bostezos. Somnoliento, se sienta en su pupitre. Han borrado el dibujo que hizo, aburrido, en tercera hora mientras la pesada de la casi retirada profesora daba, sin ceremonias ni presentaciones, la introducción de los temas uno a tres. Le molesta que borren sus dibujos. Limpia los restos de la mancha de borrón de mina en la superficie de formica de la mesa y se dispone a pasar otra mañana que dure una vida.

Quien sea que utiliza “su” pupitre durante el turno de mañana es un guarro. Otro dibujo, otra vez a restregarlo con un pañuelo de papel, a borrarlo y a dejar la mesa inmaculadamente limpia. Le gusta el orden, no le gusta que le ensucien la mesa.

Alguien de la tarde no respeta su forma de expresarse. Han vuelto a aniquilar el resultado de la clase de Biología. No sabe por qué, pero está frustrado. Se siente como si levantara puentes durante la noche sólo para que los bombardeen durante el día. Cuando se aburre, vuelve a dibujar. Pone una nota al pie.

¿”No me borres”? ¿Por qué no iba a borrar un dibujo idiota de “su” mesa? Si quiere tener una mesa limpia, tiene derecho a tenerla. Coge el pañuelo y lo humedece con la boca. Empieza a borrar el dibujo, pero algo en los ojos de la formica le pide clemencia. Se detiene. Deja el pañuelo, coge el lápiz.

”¿Por qué no?” Le pregunta el dibujo a medio borrar. Lo sana, lo completa, lo modifica. Es otro. Los ojos, los mismos.

“Porque no te he hecho nada” La respuesta le intriga. Se pregunta quién será el raro que dibuja en “su” mesa. Muerde la cabeza del lápiz y medita una réplica.

“La mesa no es solo tuya”, responde él a lo que Tarde le dice. “La compartimos, es de los dos”.

“Pues no la ensucies”. Entretanto, el dibujo ha crecido, se ha extendido y cubre casi un cuarto de la superficie de formica.

“Perdona”. El dibujo no ha crecido, pero Tarde ve cómo Mañana ha empezado a repasar los contornos con tinta. Con cautela, pasa el dedo. No se emborrona. No mancha. Tiene cuidado de no emborronar el resto del dibujo. Pero no contesta.

Un lunes el dibujo ya no está. El bedel lo ha exterminado a base de frotar. Cuando al día siguiente Mañana llega a clase, la mesa tiene un mensaje para él.

“Dibuja algo”.

“¿Quién eres?”

“Por favor”.

“Dime quién eres”.

“Soy Tarde, dibuja algo”.

Lo dibuja.
Publicado por MazingEarl @ 5:26 PM  | Mosquitos muertos
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Comentarios
Publicado por Nrike
jueves, 05 de octubre de 2006 | 9:54 PM
No es coña, en la uni dos colegas y yo pintamos una mesa y el profesor de mates le sacó una foto antes de que el bedel lo borrara...
(y me consta que al bedel le jodió borrarlo)

El relato, como siempre, cojonudo ;)
Publicado por uno
viernes, 06 de octubre de 2006 | 1:29 AM
Recuerdo una vez que me tiré una hora y media haciendo un retrato en la mesa, de un compañero... y me lo borraron... Que pena me dió...:8)

Bella historia, me encanta como haces extraordinario lo cotidiano...

Un saludo

Antonio J.


http:/anjemalo86.blogspot.com
Publicado por zidair
lunes, 09 de octubre de 2006 | 8:51 AM
Yo dibujaba pollas en las mesas.

¿Será una obsesión? :-(
Publicado por Susy
martes, 10 de octubre de 2006 | 11:02 PM
Pues yo soy muy risitas, si.
Y me pasa una cosa de verdad poco recomendable por que, sobre todo, cuando más risa me da y no puedo aguantarla ni disimularla es cuando alguien se me pone muy serio o me regaña. O sea, que me troncho. Y no es risa nerviosa, que va... es que es como si me saliera de la situación y, desde afuera, me hiciera desternillarme.

Pues eso, imaginaos en el cole.
Recuerdo, ante una bronca que me soltó la madre superiora en público, que me dió tanta risa y fué tanto el escándalo que toda la clase se tiraba por los suelos hasta el punto que la propia monja no pudo menos que romper, como el resto, a tirarse de la risa.

Juassss, y me sigue pasando. Es engorroso de verdad, pero, he de reconocer, que, salvo excepciones, juega a favor de todos y la cosa sale mejor que lo que pintaba.

Besos.
Publicado por Susy
martes, 10 de octubre de 2006 | 11:06 PM
Era yo jajajajaja
http://versus-susy.blogspot.com
Publicado por zidair
viernes, 13 de octubre de 2006 | 9:35 AM
Actualiza, vago!
Publicado por yo misma
sábado, 14 de octubre de 2006 | 1:57 PM
Pues yo dibujitos no,pero nos dejábamos mensajitos los de la mañana y la tarde y oye,asi a lo tonto,conoces a más gente y te entretienes cuando te explican las odiosas matracas
(una de letras):f)
Publicado por Kano
martes, 17 de octubre de 2006 | 5:31 PM
Vale, si... muy bonito, muy bonito. Y Hackrite?

:-(
Publicado por Earl
miércoles, 18 de octubre de 2006 | 8:29 AM
Yo dibujaba en hojas de cuaderno, dobladas varias veces. Usaba esos minúsculos rectángulos de papel cuadriculado para evadirme del tedio. Total, siempre era el presente :-)

Tenía el "cajoncito" de debajo del pupitre lleno -literalmente a rebosar- de antiguos dibujos.