En palacio, la princesa dijo no al rey, su padre, que no se desposaría con el príncipe vecino. Ella sólo se casaría por amor.
- Sólo me entregaré a aquel que me hace sentir la dueña del Universo, a aquel que me ama por encima de todas las cosas, que me llena el estómago de mariposas y toca violines en mi corazón con sólo mirarme. A aquel a quien amo, padre.
- ¿Y a quién amas, hija mía?
- Su nombre es Jeróme, padre mío. Es el hijo del palafrenero.
La princesa dijo sí al sacerdote en el altar, que amaría y respetaría al príncipe vecino. La princesa que se casaría sólo por amor.
El hijo del palafrenero, ya olvidado, la contemplaba desde lo alto, la cabeza clavada en una pica.