viernes, 15 de septiembre de 2006
Detuvo el golpe al ver, satisfecho, que su contrincante soltaba el arma y caía de rodillas en gesto de sumisión. Con deliberada lentitud, el soldado de Cristo atravesó la garganta del sarraceno rendido a sus pies. Una victoria en combate más con la que cimentar su gloria.

El infanzón golpeó con su puño blindado el rostro de la mora e inició su faena. Cuando terminó se incorporó, apoyándose en el cuerpo tembloroso y roto y se subió las calzas. Con un gesto indicó al siguiente que era su turno y se volvió a mirar los estandartes, ondeando al viento y a la luz de las llamas. Honor de caballero.

El sargento de armas pasó por encima de otro cadáver, o quizá un moribundo, y vio algo que llamó su atención. Tuvo que sacar su misericordia y cortar el dedo, pero el anillo fue a acompañar al resto del botín, en su bolsa.

En su trono, el heredero de Pedro sonreía tras su copa y recordaba a su corte:

- Dios lo quiere.
- ¡Dios lo quiere! -aulló la Cristiandad.
Publicado por MazingEarl @ 11:24 AM  | Mosquitos muertos
Comentarios (3)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Nrike
viernes, 15 de septiembre de 2006 | 2:22 PM
Y no sé por qué, cuando el soldado miraba a los estandartes, en mi retina yo veía barras y estrellas...

Será que soy un retorcido hijo de puta??
Publicado por Earl
viernes, 15 de septiembre de 2006 | 4:26 PM
Pues, la verdad, Nrike... ni se me pasó por la cabeza el paralelismo. Lo cierto es que estaba pensando en los gordos y protegidos representante del Jesús Pobre que tenemos en la Tierra. Ya sabes quiénes te digo ¿verdad?
Publicado por uno
martes, 03 de octubre de 2006 | 10:47 AM
Plas plas plas.

Nada mas que decir.

Un saludo

Antonio J.

http://anjemalo86.blogspot.com