Earl miró al ser arrodillado a sus pies con ojos fríos, desprovistos de alma.
- Portémonos como profesionales: haz el favor de no gritar
- Pero, pero yo... -dijo Buen Rollo.
Los estampidos de los disparos resonaron, crueles, en medio del desierto y el cuerpo se desplomó de cara sobre la sal.